Día 10 en EEUU: Visita al Gran Cañón y liada en el Casino Flamingo
Grandes viajes Nuestros Viajes Nuestros viajes

Día 10 en EEUU: Visita al Gran Cañón y liada en el Casino Flamingo

Eligiendo la mejor zona para visitar el Gran Cañón

Habíamos visto en algunos blogs y webs que si estabas en Las Vegas, puedes llegar al Gran Cañón en unas 3 horas en coche. Ya que habíamos hecho un viaje más largo para visitar Washington en modo express desde Nueva York, no queríamos perder la oportunidad de ver el Gran Cañón de la misma forma. Así que planeamos una visita express al Gran Cañón en nuestro segundo día en Las Vegas.

Cuando buscamos información del Gran Cañón, vimos que la mayoría visitaba la parte oeste, o West Rim. Es la parte más cercana a Las Vegas en coche. Sin embargo, es propiedad de la tribu Hualapai. Esta tribu explota la zona, cobrando una entrada de unos 70€ en la que incluye un mirador de cristal, comida y un espectáculo de la tribu. Esta opción nos pareció demasiado turística. Además, no habíamos leído muy buenas opiniones. La gente lo calificaba como “prescindible”, y no íbamos a conducir 3 horas para ver algo prescindible.

El Gran Cañón es un parque nacional, por lo que no nos costó mucho encontrar otra opción de visita menos artificial. Viendo las posibilidades, nos decidimos por ver el South Rim. Se tardan algo más de 4 horas, pero merece la pena. Ha sido una de nuestras visitas favoritas. La entrada al parque nos costó unos 30€ incluyendo dos personas y coche.

Si quieres saber más sobre cómo llegar, precios, horarios y distintos puntos de acceso al Gran Cañon, visita este artículo.

Diferentes rutas y preparación

Después de un largo viaje con nuestro Mustang descapotable, por fin llegamos al famoso Parque Natural. El acceso está bien organizado, con parking para dejar los coches y autobuses que te dejan en las diferentes zonas del parque, según la ruta que quieras hacer. Hay varios tipos. Rutas que llegan hasta el río, o rutas cortas de unas dos o tres horas ida y vuelta. Si quieres llegar hasta el río, tienes que pernoctar en el parque, para lo que necesitas un permiso especial. – Puedes leer más en nuestra guía del Gran Cañón -. También se dividen las rutas por nivel de dificultad. Nosotros elegimos una corta de dos horas, para no volver muy tarde a Las Vegas.

Itinerario: Las Vegas > Williams (Arizona) > South Rim (Gran Cañón) > Bellagio > Caesar Palace > Flamingo

Antes de ir, es recomendable que recordéis llevar algo de comida bien envasada (hay animales), agua suficiente, y gorras. También tenéis que tener en cuenta que el Gran Cañón es una montaña. En la parte alta hace frío. Nosotros fuimos en Mayo, y empezamos la ruta con abrigo. Conforme vas bajando, la temperatura sube, y vas necesitando quitarte capas. Por lo que recomendamos ropa ligera y abrigada. Y, muy importante, ¡buen calzado! Nosotros llevamos las botas del Camino de Santiago. La verdad es que, con todo lo que andamos durante el viaje, fue el único calzado que usamos la mayor parte del tiempo.

Un lugar que te deja sin palabras

Empezamos nuestra ruta con algo de miedo. El camino, que lo que hace es bajar por dentro del Gran Cañón, es bastante empinado. Y eso que nosotros elegimos la ruta más sencilla. Es una camino estrecho, y puedes ver la Gran Caída que te espera si no estás bien atento. No hay cuerdas ni nada parecido que te proteja. Y no daban mucho ánimos los carteles de desaparecidos justo en la parada del bus del parque. Cada vez que nos cruzábamos con alguien en el camino y había que apartarse, yo ya me veía en las noticias. ¡Uff! (En las dos fotos de abajo podéis ver el precipicio, y el propio camino).

La ruta está señalizada justo al principio, y en ella se marcan algunos puntos de interés. La ruta que nosotros elegimos llegaba hasta un mirador, que era nuestra meta. Después podías seguir bajando, pero nosotros decidimos no hacerlo, por miedo a que nos oscureciese al volver.

A pesar del miedo – justificado – por despeñarnos Cañón abajo, el camino se disfruta mucho. Continuamente ves el paisaje sobre tu cabeza y a tus pies. Es realmente impresionante verte dentro de un monumento natural de ese calibre. Llegamos en una hora al mirador. Es un lugar que te deja sin palabras. Las fotografías que podamos hacer no le hacen justicia. No queríamos volver – entre otras cosas, porque bajar es fácil, pero subir…- Hay un silencio especial, a pesar de la gente que va y viene por el camino. Nos sentamos en las piedras y disfrutamos de la vista todo cuanto pudimos.

La vuelta por la ruta se hizo más pesada. Por un lado, porque tienes que subir una buena cuesta. Por otro, porque teníamos ganas de quedarnos allí. Debe ser una maravilla llegar abajo del todo y dormir allí. Tal vez en el futuro, más preparados y con tiempo, nos lo planteemos.

Vuelta a Las Vegas y liada en el casino

Legamos a Las Vegas ya anocheciendo. Estábamos muy cansados, pero era nuestra última noche en la ciudad, y queríamos ir de casinos. Aunque sólo fuera para hacer una pequeña apuesta. Nos arreglamos un poco y nos dimos una vuelta por algunos de los más famosos, como el Bellagio o el Caesar. Sin embargo, en estos casinos la apuesta mínima estaba por encima de los 25$ por partida, y no queríamos gastar tanto. Había mesas hasta de 500$ mínimo, flipante. Al final, después de varias vueltas, nos fuimos al casino de nuestro hotel, el Flamingo. Aquí la apuesta mínima rondaba los 10$, más acorde a nuestra idea de echar unos eurillos para reírnos un rato. Además, incluso encontramos mesas sin apuesta mínima. 

Teníamos un buen cacao mental. Habíamos ido alguna vez al casino de nuestra ciudad, Badajoz, y pensábamos que la cosa funcionaría igual. En nuestra experiencia, compras unas fichas en la caja, apuestas en la ruleta, y las fichas que ganes (o te sobren) las vuelves a cambiar en caja por más dinero. Sencillo.

Empezamos a dar el espectáculo

Buscamos la caja para cambiar dinero, y nos dijeron que se hacía directamente en la mesa. Tantas luces y sonidos  nos tenían ya aturdidos. Nos fuimos a una mesa de ruleta con 20$ (no teníamos cambio) y le dijimos que queríamos 10$ en fichas. (Nuestro presupuesto era bien ajustado en este viaje, así que no íbamos a derrochar 20$ en apostar). Y de repente, el crupier nos suelta 20$ dólares en fichas. Y nosotros en plan… “¡No, no! ¡Sólo queremos 10$!” Pero nada, el tío pasando de nosotros a tope, con su ruleta y sus apuestas. Así que nos comimos las 20 fichas.

Para no liarla, que ya sabemos cómo va el juego, nos guardamos 10 fichas y decidimos jugar sólo con las otras 10. Apostábamos de una en una, o de en dos (era fichas de 1$), en plan goteo, para sacarle el máximo partido. Ganábamos casi cada vez, porque estábamos haciendo apuestas sencillas – al rojo, a los impares…etc.- El resto de la gente perdía sin parar cantidades bastante más grandes que nuestras fichas de a dólar. Debían tener ganas de echarnos de la mesa a patadas. El caso es que cuando nos quedaban como 3-4 fichas o algo así, decidimos hacer una apuesta a cuatro números. -Se ponen las fichas entre esos cuatro números, y te toca 8 veces lo apostado.- Pues nada, con tanta suerte que ganamos. El crupier nos soltó un buen taco de fichas, y con la emoción, las agarramos todas y nos largamos de la mesa.

¡Eso no se puede hacer!

De repente, medio casino vino detrás de nosotros (eran como dos o tres personas, pero de la vergüenza que me estaba dando, para mí que eran como 100). Por suerte, había un mexicano en la mesa que nos explicó lo que pasaba. Porque si nos lo explican en inglés, con la tensión que teníamos, no entiendo ni una palabra. Resulta que las fichas con las que se apuesta en las mesas no son las que luego se cambian. Resulta que el crupier te las cambia por otras fichas, y luego tú las cambias (ahora sí) por dinero. Yo sólo oía decir al mexicano: “¡Os pueden llevar presos!”. En fin, que de paletos que somos no pasan estas cosas.

Nosotros vimos allí la montonera de fichas de a dólar, y arramplamos, no fuera a ser que se nos ocurriera apostar más y nos quedásemos sin nuestros 20-30 euros de ganancias…. XD En fin, nos fuimos con las orejas gachas a la caja, y al menos salimos del casino con más dinero que con el que entramos. Ya sabéis, ¡aprendeos bien las normas antes de apostar!

Galería

 

  

Nuestros viajes

Tere

Desde que era muy pequeña, viajar y descubrir nuevos lugares y personas ha sido mi pasión. De profesión, soy músico. Estudié Viola en el Conservatorio, además de Comunicación Audiovisual en la Facultad. Me encanta viajar con mi marido Jony y vivir nuestras pequeñas aventuras. Desde que nos conocimos, ¡no hemos parado de recorrer el mundo!

DEJAR UN COMENTARIO

Simba Viajeros

La web de viajes definitiva. Guías, relatos, tips, reseñas... Todo lo que necesitas saber para agarrar la maleta, ¡y volar!

Instagram

Esta web utiliza cookies. Más información y Política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies