Segunda etapa en Vietnam y Birmania: Da Nang, Hoi An y Hue

Da Nang

Tomamos un vuelo interno desde Ho Chi Mihn a Da Nang, donde habíamos reservado un hotel costero. La ciudad de Da Nang se rebeló rápidamente como un destino turístico al más puro estilo «costa mediterránea». Aunque la mayoría de los grandes complejos hoteleros están en construcción, y nosotros fuimos en temporada baja, el movimiento de turistas era continuo. Mientras que en España lo que más se ve son alemanes o ingleses, en esta zona de la costa vietnamita es el turismo chino el que destaca. Toda la zona costera está plagada de hoteles, restaurantes y comercios.

Las playas son amplias y limpias. Dado que no era temporada, no vimos a muchos bañistas. Sin embargo, el tiempo era bueno, y se podía uno dar un baño y tomar el sol. La zona de baño estaba restringida, imaginamos que por oleaje, o por falta de socorristas. Lo más llamativo para nosotros fue cómo los lugareños se metían en el agua para recoger enormes medusas muertas. Entendimos que era para cocinarlas en casa. Por otro lado, los turistas chinos en la playa son de lo más llamativo, pues la mayoría se mete en el agua con ropa. ¡Hasta con pantalones vaqueros puestos!

Las Montañas de Mármol, lo más destacable

Al planear el viaje, nos habíamos planteado quedarnos más tiempo en Da Nang que en Hoi An. Pero visto el ambiente de Da Nang, enseguida decidimos acortar nuestra estancia y cambiar por una noche más en Hoi An. Y lo que recomendamos a todos los viajeros que vayan a esta zona del país es alojarse en Hoi An y desde allí moverse a las zonas visitables de Da Nang. Hoi An es un pueblo para disfrutar varios días. Sin embargo, lo más destacable de Da Nang son las Montañas de Mármol, y se pueden visitar fácilmente desde Hoi An.

Las Montañas de Mármol fue uno de los lugares que más nos gustaron de todo Vietnam. Se trata de cinco montañas, frecuentadas por los vietnamitas como lugar de peregrinaje y oración. En la mayoría de ellas puedes encontrar pagodas budistas escondidas entre la vegetación. Nosotros visitamos la montaña más grande y llamativa de todas, la montaña Thuy Son. Una auténtica maravilla, tanto descubrir las pagodas como las cuevas naturales, en las que se esconden altares y estatuas.

Para llegar hasta ellas fuimos en autobús de línea desde nuestro hotel. ¡Una auténtica experiencia! En los autobuses siempre hay «un acomodador» que es el que se encarga de cobrar. Te recoge de la parada, te alza y te sienta como si no pudieras moverte por ti mismo. ¡Una advertencia! El autobús vale 20.000 dongs, y ni uno más. Si lleváis maletas, no hay suplemento, ¡no os dejéis engañar!

Ya que estábamos en Da Nang, también nos animamos a visitar la montaña Son Trà. Podéis verla desde la costa claramente, en lo alto se encuentra una enorme estatua de Buda de pie. Lo mejor de este lugar, además de los enormes templos que alberga, son las vistas de la costa y del Mar de China.

Restaurantes en la zona

Hoi An

Llegamos a Hoi An en el mismo autobús de línea que te lleva a las Montañas de Mármol. Desde la parada de bus hasta la zona hotelera no hay mucho que caminar, y es una forma muy económica de transporte. Hoi An es un pueblo grande, pero la zona visitable, su casco antiguo, es muy reducido. Para poder acceder, tienes que pagar una entrada , con la que además podrás visitar hasta cinco monumentos por dentro. De noche, la entrada al casco antiguo es gratuita, pero los monumentos están cerrados.

Para nosotros, Hoi An fue sin duda, uno de los lugares más memorables y mágicos que pudimos ver en nuestro viaje. Es uno de los muy pocos lugares antiguos que se mantienen intactos tras la guerra, por lo que es un trozo de historia viva. La circulación de coches está prohibida, lo cual además te libera mucho del estrés que se sufre por el tráfico vietnamita en otros lugares. La noche es todavía más increíble si cabe. Hoi An es famoso por sus lámparas de papel de colores, que cuando cae el sol iluminan las calles y te transportan a otra época.

My Son

Tampoco quisimos perdernos la obligada visita a las ruinas de My Son. Alquilamos una moto y nos aventuramos por primera vez por las carreteras vietnamitas. El viaje en moto fue en sí una auténtica experiencia. Campos de arroz, pueblos agrícolas, un paisaje verde intenso, y la pericia de conducir en Vietnam. Entre gps, y la ayuda de algún lugareño, conseguimos llegar al destino.

My Son es una maravilla histórica, todavía en pleno descubrimiento y rehabilitación. Se trata de unas ruinas de santuarios hinduistas que datan de los siglos IV al VIII. Si visitáis otros países cercanos, como Camboya, veréis que son similares a Ankor. Por la hora a la que llegamos (sobre las 16.00), había muy poca gente visitando las ruinas. Pudimos disfrutar plenamente de la visita y acercarnos mucho a los antiguos templos.

Llama la atención cómo la sombra de la guerra se encuentra en todos los rincones de Vietnam. Por desgracia, puedes ver claramente los grandes agujeros que dejaron las bombas en el suelo, los destrozos en muchos de los templos e incluso restos de alguna que otra bomba. Sin esto, probablemente sería uno de los complejos de la antigua civilización Champa más grandes e importantes del Sudeste Asiático.

Restaurantes en la zona

Hue

La última ciudad que visitamos en nuestra estancia en el centro del país fue Hue. Llegamos allí en autobús, después de 5 horas de viaje. La ciudad de Hue en sí no tiene mucho. Para poder ver lo más importante necesitarás alquilar una moto, o reservar alguna excursión.

Por un lado, dentro de la ciudad se encuentra la antigua Ciudadela. Se trata de todo un barrio antiguo, en el que puedes encontrar tres recintos: La ciudad imperial, la ciudad cívica y la ciudad púrpura prohibida. Para acceder, tendrás que pagar entrada. Dentro de la ciudadela podrás ver una gran cantidad de monumentos construidos alrededor del siglo XIX. Palacios, templos, teatros, casas y jardines que servían al disfrute de la familia imperial Nguyen. La mayoría se conservan bastante bien, y te permiten imaginar cómo era la vida en aquella época en un Vietnam controlado por la China Imperial.

Otro de los «imperdibles» de Hue son los distintos complejos funerarios, las Siete Tumbas Imperiales. Para visitarlas, tendrás que salir de la ciudad. En nuestro caso, escogimos alquilar una moto en el mismo hotel. Como son tantas tumbas, elegimos las dos más interesantes para visitar: Tu Duc y Mihn Mang. Es muy curioso ver hasta qué punto llegaba la ostentosidad de los emperadores, y su locura para que las tumbas no fueran expoliadas. Además de la belleza de los edificios, destacan los jardines y grandes estanques artificiales, todo creado para proporcionar un gran entorno de paz.

Por último, dentro de Hue, pero alejada de la ciudadela, podréis encontrar la famosa Pagoda de Thien Mu. Destaca por tener la torre más alta de todos los templos vietnamitas. Además, es muy conocida su tortuga de mármol gigante, soportando el peso de una estela antigua. Es un lugar emblemático, y además se puede visitar de forma gratuita.

Restaurantes en la zona

  • Elegant
  • Cafe on Thu Weels
  • Hot Tuna

El centro de Vietnam

Como veis, el centro de Vietnam es un lugar que alberga mucha historia, religión y belleza. Desde ruinas antiquísimas, pasando por antiguos puertos japoneses, ciudades imperiales casi intactas y una gran cantidad de pagodas impresionantes.

Si viajas a Vietnam, ¡no descartes esta increíble zona!

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Algarve en autocaravana II. Sagres – Cabo de San Vicente

Día 3: Sagres y Cabo de San Vicente

Como os iba contando en la primera parte de nuestro viaje, amanecimos junto a la playa de Carvalho. A pesar del buen tiempo que hacía durante el día, los noches cerca del mar son frías, e incluso chispeó un par de veces. Por la mañana, el cielo estaba cubierto, aunque no tardó en despejar. La playa estaba prácticamente desierta. Sólo había un grupo de campistas y algunos bañistas madrugadores. Disfrutar de la playa por la mañana temprano es todo un privilegio. Desayunamos mirando al mar y nos dimos un paseo por la arena, todavía fría y húmeda.

Los siguientes días que nos quedaban de viaje habíamos decidido pasarlos en la zona del Cabo de San Vicente, por lo que tampoco quisimos entretenernos más y salimos con la autocaravana al poco. El camino se hace rápido por carretera nacional, como mucho calculamos una hora y media. Para las 12 del mediodía ya habíamos llegado a Sagres.

Esta zona del Algarve contrasta bastante con el ambiente turístico de Marinha. Mientras que en los días anteriores habíamos visto bastante movimiento de familias, barcos turísticos, chiringuitos y demás; Sagres goza de un ambiente surfero y algo más tranquilo. Normalmente son playas de mucho más viento, e incluso con el agua algo más fría. Nosotros nos dirigimos a la playa de Beliche, entre Sagres y el Cabo.

Tuvimos suerte, porque nos salió un día de playa bastante apacible, con poco viento. Además, con un ambiente que nos gustó mucho más que Marihna. Menos gente, más tranquilidad y menos bullicio. La playa es amplia y pasamos el día muy tranquilos, con una buena comida y siesta incluidas.

Atardecer hermoso

Llegada la tarde, vaciamos las aguas sucias y llenamos bien el depósito en el área del Inter Marché de Sagres. Si tenéis prisa, os avisamos de que vayáis con tiempo, porque se forman bastantes colas. A pesar de la espera, nos dio tiempo a llegar para ver el atardecer desde el Faro del Cabo de San Vicente. El viento era muy fuerte y frío, pero la vista y la experiencia valían la pena. Para pernoctar, elegimos el parking de Sagres habilitado para ello, que se encuentra en las puertas de la fortaleza.

Día 4: Kayak y vuelta a casa

Como las mañanas son más tranquilas en cuanto al viento, aprovechamos para usar el kayak una vez más en la playa de Beliche. El agua estaba como un lago, calmada y transparente, y pudimos ver montones de peces y otros animales marinos entre las rocas. Si os gusta el snorkel, es un buen lugar para practicarlo. Como son playas más tranquilas, se puede ver mucho más movimiento marino, siempre y cuando no haga demasiado viento.

En cuanto se acercó la hora comer, el viento se levantó y notamos unas olas algo más fuertes. Al salirnos con el kayak casi volcamos, no nos dio tiempo a reaccionar frente a una ola que nos llevó hasta la orilla a toda velocidad, pero fue divertido. Almorzamos en la caravana uno de nuestros platos preparados y nos fuimos a tomar un café -no puede faltar si vas a Portugal- antes de salir de vuelta a Badajoz.

La experiencia por al Algarve fue muy tranquila y al mismo tiempo aventurera. Con la autocaravana y el kayak hemos podido llegar a todas partes, y disfrutar al máximo de los hermosos paisajes costeros de la zona. Como punto negativo, el excesivo turismo. Esto no siempre es malo, pero en nuestra opinión, se convierte en nocivo cuando el turista no respeta la naturaleza, tira basura y abusa del mar llenándolo de barcos, con la consiguiente contaminación. Si visitas la zona, ¡sé respetuoso con el medio ambiente!

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Algarve en autocaravana I. Marinha – Benagil

Después de nuestro gran viaje por Vietnam y Birmania este año no nos había quedado ni mucho presupuesto ni muchos días de vacaciones que gastar. Pero somos de culo inquieto y no podíamos estar todo el verano en casa, así que nos preparamos una escapada de lo más económica por el Algarve portugués.

Preparando el viaje

Sabíamos cuándo íbamos a irnos, y sabíamos que iba a ser en autocaravana. Pero no sabíamos dónde ir. Es uno de los mejores factores de viajar en autocaravana, tienes libertad total para viajar a donde quieras, y cambiar de destino como quieras. Por eso, cuando la cogemos preferimos no planear mucho.

Teníamos varios destinos entre manos: Cabo de Gata en Almería, Conil en Cádiz o el Algarve en Portugal. Por si os sirve para tomar vuestras decisiones viajeras, nosotros solemos fijarnos en:

  • El tiempo
  • La distancia en km
  • Si ya hemos ido, hace cuánto tiempo
  • Qué nos apetece más…

Al final nos decidimos por el Algarve. Con poco más que preparar, hicimos las maletas. Para un viaje en autocaravana, hay varias cosas que nunca nos dejamos atrás: nuestro kayak, la cámara deportiva y el ukelele 😉 Diversiones aparte, es importante tener previsión al menos del primer sitio en el que vais a pasar la noche. Nosotros solemos consultar la web https://www.campercontact.com/es/. Por supuesto, no olvidéis hacer una buena compra. Si algo tiene de bueno viajar en autocaravana es que vas con la casa a cuestas, y ahorras en restaurantes. Nosotros compramos variedad de platos preparados: tortillas, empanadas, tallarines, arroz, ensaladas…etc. Así tampoco teníamos que enredarnos mucho cocinando.

Día 1: Llegamos la noche anterior y pasamos el día en Marinha

Peaje y pernocta

Viajamos desde Badajoz, tomando la E-90, la IP-7, IP-2 y IP-1. En Portugal, hay que tener en cuenta que la mayoría de las autopistas son de peaje. A la ida, preferimos ir todo por autopista para no llegar demasiado tarde. Gastamos unos 20€ en pejaes, para que os hagáis una idea. Es importante tener en cuenta que la autopista que cruza todo el Algarve (A-22) es de peaje, pero no con los puestos de pago habituales. Funciona a través de unos arcos automatizados, que toman una foto de la matrícula. Si vais desde Andalucía, el sistema de pago es sencillo porque hay una salida para extranjeros en la que asociaréis vuestra tarjeta de crédito. Para los que vais desde otro punto, como nosotros, debéis comprar una tarjeta prepago. Nosotros lo hicimos en la gasolinera de Estremoz. Llegamos de noche a la zona de Portimao y pernoctamos en el Camping Canelas.

Playa de Marinha

Decidimos repartirnos los cuatro días de viaje entre la zona de Lagos y la zona de Sagres. Así que el primer día nos dirigimos a la playa de Marinha, catalogada como una de las más bonitas de Europa. A pesar de ser finales de Agosto y de ir entre semana, la playa estaba hasta arriba. Por suerte para nosotros, tenemos nuestro kayak, una de las mejores compras que hemos hecho. Con él nos solemos desplazar de las playas más concurridas a las calas de alrededor. Gracias a ello, hemos podido disfrutar de las cuevas y los acantilados tan bonitos de la costa portuguesa, además de visitar playas mucho más solitarias y tranquilas que las «típicas».

La otra opción para hacer esto es alquilar una excursión en barco o lancha. Desde nuestro punto de vista, un error. Los barcos hacen ruido y contaminan, además de ser molestos para los deportistas acuáticos que hacen snorkel, kayaking, paddle-surfing y demás. Pudimos comprobar que las visitas a las cuevas y playas eran en plan exprés. Los conductores no se detenían y, como siempre en este tipo de excursiones preparadas, los turistas parecían borregos guiados a trompicones de un lado a otro.

Nuestro kayak es el Intex Explorer K2, un kayak hinchable, fácil de transportar, con remos desmontables y muy resistente. Lo compramos en junio de 2016 por 112€ en Amazon. ¡Y lo recomendamos! 

Remando por la costa

Por la mañana fuimos desde la playa de Marinha hacia la izquierda bordeando la costa. Vimos la cueva Do Buraco, uno de los llamativos monumentos naturales de esta costa tan peculiar. Seguimos remando hasta la cala Malhada do BaraÇo, no tan solitaria como nos gustaría. Es una playa bonita, sin embargo, los barcos turísticos la invaden, parando a los turistas allí. Incluso han colocado un bar y sombrillas, nada llamativo. Detrás de esta cala nos detuvimos en la Cala do Barranquinho, mucho más tranquila y apacible.

Por la tarde bordemos el otro lado, si miras a la costa, hacia la derecha de Marinha. Pasamos bajo otra maravilla de roca, el doble arco de la Playa Mesquita, vimos montones de cuevas y hermosas formaciones rocosas y terminamos pasando la tarde en la Cala da Corredoura.

A pesar de que el agua en el Algarve suele ser muy fría y otros años no hemos podido bañarnos, este año sí que lo disfrutamos. es una de las zonas costeras más hermosas de la península, y es un auténtico placer poder verla desde el agua y disfrutar sus playas y calas más escondidas.

Cuando nos cansamos y casi se puso el sol, nos fuimos a pernoctar a un área privada en la N-125. podéis verla en el mapa:

Día 2: Benagil, unas vistas incomparables

Al día siguiente nos dirigimos a Benagil. Cerca de esta playa se encuentra la famosa Playa Do Buraco, dentro de una gran cueva en la que la bóveda tiene una gran claraboya natural. Hace un par de años habíamos estado en la misma playa, y no habíamos podido visitar la Paya do Buraco. Este año no nos íbamos a quedar con las ganas.

Primero intentamos meter la autocaravana por Benagil, lo cual fue misión imposible. El aparcamiento escasea, y el Algarve se está convirtiendo en una zona super turística. Esto sumado a lo estrecho e intrincado de las calles nos hizo buscar otra alternativa. Un poco más allá de la Playa de Benagil encontramos la Playa do Carvalho. Aquí encontraréis mucho sitio para dejar la autocaravana o el coche. Aparcamos arriba y bajamos todo el camino hasta acceder a la playa. También había bastante gente, pero el ambiente era tranquilo.

Pasamos la mañana tranquilos en Carvalho, viendo como los turistas se tiraban desde el acantilado al agua y disfrutando de la hermosa playa y del agua cristalina y tranquila. A mediodía íbamos a la autocaravana a comer, con tanta suerte que se quedó un gran hueco libre muy cerca del acceso a Carvalho. ¡Ahora sí que teníamos unas buenas vistas! Por la tarde usamos el kayak para ver la Playa do Buraco y las cuevas y calas de toda la zona de Benagil.

Pernocta en una ubicación perfecta

Para pernoctar, nos debatimos entre quedarnos en el parking de tierra de Carvalho o ir a un área de autocaravanas. Al ver que había otros muchos pernoctando allí, decidimos quedarnos. Siempre que pernoctes de esta forma, debes ser respetuoso con la naturaleza: No verter ningún tipo de agua, no tirar basura, no acampar o hacer fuego… ¡Vimos muchas malas prácticas! Parece mentira que en el siglo XXI todavía haya gente tan irrespetuosa con el medio ambiente y con los demás.

Despertar junto a la playa fue uno de los grandes placeres que nos brindó este viaje. ¡Pero eso te lo contaremos en la segunda parte de este diario!

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EEUU: Nueva York, Washington, Miami, Las Vegas, Gran Cañon, Ruta 66 y Los Ángeles

Cuando hablamos de cruzar el atlántico, tuvimos claro desde un principio que íbamos a aprovechar el viaje al máximo. Los vuelos de grandes distancias no son baratos, y no queríamos ir a EEUU «sin dejarnos cosas por ver» (siempre te dejas algo…). Teníamos 20 días por delante, lo cual no es mucho tiempo para descubrir un país tan grande y diverso. Sin embargo, nos liamos la manta a la cabeza como hacemos siempre y nos pusimos a planificar nuestro primer gran viaje.

Transporte, itinerario y alojamiento

De España a EEUU

Lo primero que intentamos conseguir siempre antes de planificar nada son unos vuelos a buen precio y en fechas que nos convengan. En esta ocasión, elegimos los meses de Abril-Mayo. Por un lado, los precios que encontramos en Skyscanner para estas fechas eran bastante asequibles. Por otro, el clima era agradable para hacer turismo prácticamente en todas las ciudades que teníamos en mente.

La primera decisión que tuvimos que tomar fue si comprábamos la ida y vuelta desde la misma ciudad o no. En un principio valoramos la posibilidad de comprar billete ida y vuelta a Nueva York. Sin embargo, echando cuentas y pensando que queríamos ver varios puntos del país, nos decidimos por comprar el billete de ida Madrid-Nueva York y el de vuelta Los Ángeles-Madrid.

Si quieres saber más sobre cómo conseguir vuelos baratos a EEUU, visita este post.

Itinerario

Una vez decidido esto, pensamos qué ciudades queríamos ver. Estuvimos dándole muchas vueltas, vimos precios de hoteles y apartamentos, y tuvimos en cuenta el tiempo con el que contábamos. Finalmente determinamos este itinerario:

Nueva York > Washington (excursión de un día) > Nueva York > Miami > Las Vegas > Gran Cañón (excursión de un día) > Las Vegas > Los Ángeles vía Ruta 66

De un lugar a otro

Esto nos llevó a buscar vuelos internos que nos llevaran de Nueva York a Miami y de Miami a Las Vegas. El resto del recorrido lo hicimos con coche de alquiler. Para conseguir estos vuelos internos, buscamos directamente en empresas de bajo coste americanas.

Para saber más sobre vuelos low cost dentro de EEUU visita este post.

Como no podía ser de otra manera, para visitar el Gran Cañón y viajar desde Las Vegas hasta Los Ángeles nos hacía ilusión alquilar un descapotable Mustang. Es un coche típico americano, y queríamos que formase parte de la experiencia del viaje.

Si quieres saber cómo alquilar un Mustang en EEUU, visita nuestro post.

Buscando alojamiento

En este viaje teníamos claro que queríamos vivir la experiencia como turistas, pero también vivir las ciudades como ciudadanos. Nos apetecía ver la vida en los barrios residenciales, ir al supermercado y hacer la colada en un país que realmente es muy distinto al nuestro. Por eso, elegimos reservar la mayoría de nuestro alojamiento a través de Airbnb.

Nos quedamos en pisos de Airbnb en Nueva York, Miami y Los Ángeles. Para Las Vegas, con el fin de vivir la experiencia al 100%, nos alojamos en el Hotel Flamingo.

Te contamos todo sobre nuestros alojamientos Airbnb en EEUU en este post.

La comida en EEUU

Como la mayor parte del tiempo nos alojamos en apartamentos, hacíamos una pequeña compra en cada ciudad a la que aterrizábamos. Nos acercábamos al super del barrio, y cogíamos algo para desayunar, un par de cenas preparadas, zumo, agua, pan y embutidos para sándwiches y fruta. De esta manera, alternamos la «comida basura» con algo de comida «menos basura». Porque incluso en los supermercados nos costaba encontrar un zumo normal y corriente, jamón york, leche… Salía más barato comprar un plato de pasta preparado que coger un paquete de pasta para hervir y un bote de salsa.

La comida que prima por todas partes son las hamburguesas, perritos, sándwiches, bacon huevo y patatas… ¡Colesterol a tope! Cuando encontrábamos algún restaurante «normal» era caro, o «elegante». Lo mejor que se puede hacer es buscar restaurantes de comidas internacionales para variar un poco la dieta, e irse a hamburgueserías más «caseras», no las típicas franquicias.

NUESTRO DIARIO DE VIAJE:

Nueva York

Miami

Las Vegas

Los Ángeles

Día 14 en EEUU: Santa Mónica y Observatorio Griffith

Santa Mónica, pura California

Para nuestros dos últimos días en Los Ángeles -y EEUU- habíamos alquilado un coche. Nos alojábamos en Korea Town, así que estábamos bastante lejos de la zona costera de Los Ángeles, y no podíamos irnos sin conocer el escenario de Los Vigilantes de la Playa, la mítica serie. Cogimos nuestro coche, mucho más sencillo que el Mustang de Las Vegas -para ahorrar-, y fuimos hacia Santa Mónica.

Itinerario: Santa Mónica Muelle > Pacific Park > Santa Mónica Playa > Venice > Venice Beach > Muscle Beach > Observatorio Griffith

Por la mañana, paseamos por el muelle y el parque de atracciones – Pacific Park – que hay en él. Es un zona pintoresca, muy playera. Además de las atracciones, se encuentran muchos restaurantes típicos americanos, de esos de marisco y gambas fritas, y de comer langosta con babero. Había músicos callejeros que amenizaban el paseo por el muelle y el ambiente era agradable, muy al estilo California. Antes de bajar a la playa, disfrutamos de un Hot Dog on a Stick en el muelle. Junto a Coney Island, el muelle de Santa Mónica se ha convertido en uno de nuestros sitios favoritos de EEUU.

Cuidado con «La Brea»

Bajamos a la playa para pasear y ver las casetas de vigilancia que salían en la famosa serie. La playa es de arena fina y clara, y muy grande. Tienes sitio de sobra para pasear, tomar el sol, darte un baño… El agua está bastante limpia, y de fondo tienes el muelle como paisaje. Un paraíso, sino fuera por la sorpresa que me traje pegada a los pies

Resulta que en la costa de Los Ángeles -y en toda la zona- hay muchos pozos de brea, o petróleo. Y es normal que lleguen pequeños restos a la playa. Apenas se aprecian, son como gotitas negras pequeñas (podéis ver en la foto de la derecha), parecen conchas o piedras enterradas. Pero si andas a tu aire, y sin saberlo, al final te llevas pegadas unas cuantas en la planta del pie. Y creedme, no es fácil limpiarlas. Huelen fatal, a carretera recién asfaltada, y son super pegajosas. Al final, tuve que raspar y aún así se me quedaron restos marrones por todo el pie. En conclusión, mirad bien donde pisáis…

Venice y Venice Beach, lugar de lo estrafalario

A quién no le gusta Venecia… Es una ciudad de cuento, con sus canales y sus pequeños puentecitos. En definitiva, una ciudad increíble. Se ve a que a los estadounidenses les gusta tanto, que han hecho de un barrio costero una pequeña Venecia. Se trata del barrio de Venice. 

Las casas de la zona están rodeadas por varios canales artificiales, navegables, y cruzados por puentes. Todo en un estilo que mezcla lo veneciano con lo californiano. Darse un paseo por aquí fue todo un descubrimiento, por un lado de las originales casas de la zona, y por otro, del barrio en sí. Una zona con encanto y muy llamativa.

Pero si Venice es estrafalario, Venice Beach es la cuna de lo extraño. Tanto la playa como el paseo que la recorre son el hogar de cientos de personas de todo tipo. Artistas callejeros, médicos «de la felicidad», vagabundos, deportistas… Todo lo que imagines está en Venice Beach. De lo más variopinto y característico de Los Ángeles.

Por supuesto, no podíamos olvidar pasarnos por Muscle Beach, el gimnasio en el que Arnold Schwarzenegger se entrenaba cuando practicaba culturismo. Una zona  de culto al cuerpo, y ejercicio físico elevado al máximo.

Observatorio Griffith, las mejores vistas de Los Ángeles

Para terminar el día, subimos al parque Griffith, uno de los puntos más altos de la ciudad. En él se encuentra el Observatorio del mismo nombre, el cual se puede visitar de forma gratuita, y entrar en su museo. Para llegar hasta allí en coche, subimos por la zona de Los Feliz, una de las más caras. Las casas son auténticas mansiones, y aunque hay zonas todavía más exclusivas, son bastante llamativas.

Desde el Observatorio pudimos ver el atardecer en Los Ángeles, disfrutar de unas buenas vistas del cartel de Hollywood y de toda la ciudad y pasear por el inmenso parque. Hay bastante ajetreo, incluso cuando ya ha oscurecido, así que la zona parece segura y tranquila. Merece la pena subir y pasear, aunque sólo sea por las vistas.

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Restaurantes en la zona

Día 12 en EEUU: Hollywood y Beverly Hills

Después de descansar de nuestro largo viaje por el desierto del Mojave, amanecimos en la ciudad de las estrellas. Los Ángeles es una ciudad grande, llena de caos, coches y gente de todo tipo. Nuestro plan el primer día era visitar Hollywood y Beverly Hills, para dar un paseo por las zonas más cinematográficas de California.

Itinerario: Paseo de la Fama/Hollywood Boulevard > Teatro Dolby > Teatro Chino > Sunset Strip > Beverly Hills

Primera impresión

Por supuesto, nuestra primera parada tenía que ser Hollywood Boulevard, o el Paseo de la Fama. Teníamos que ver las famosas estrellas que llenan las aceras y pisar el teatro donde se celebra cada año la ceremonia de los Oscars. Nuestro alojamiento Airbnb estaba en la zona de Corea Town, muy cerca del centro. Escogimos este apartamento por su situación, ya que tenía una parada de bus cerca y estaba cerca de Hollywood. Sin embargo, después de ver la ciudad unos días, nos dimos cuenta de que hubiéramos preferido quedarnos en la zona de Santa Mónica. Es mucho más atractiva y segura. El centro de Los Ángeles está muy empobrecido, lleno de gente sin hogar, drogas y problemas. Además, el autobús tampoco nos pareció un transporte seguro, especialmente de noche.

Tomamos el autobús y nos bajamos muy cerca de Hollywood Blvd. Incluso tan cerca de un sitio turístico como es el Paseo de la Fama, la decadencia se hacía notar. Entramos a la famosa calle por uno de sus extremos, en el que las estrellas no son ya tan famosas, y había mucho local abandonado, edificios descuidados y vagabundos. Hasta que no llegamos al pleno centro del Boulevard, no vimos el ambiente que esperábamos.

El Paseo de la Fama

La zona más visitada, donde se encuentran los teatros, está llena de tiendas y centros comerciales. Ahí es donde puedes encontrar las estrellas de los artistas más actuales y de los más conocidos. En el Teatro Chino, puedes ver las famosas firmas en cemento, así como las huellas de la mano de los actores más famosos de Hollywood. Están incluso las huellas C3PO Y R2D2, junto con otras del elenco de Star Wars. También encontraréis otras más antiguas como Marilyn Monroe.

Realmente, este punto se ve rápido, y más allá de descubrir las estrellas y las firmas de los artistas, no tiene mayor interés. Es una buena zona de shopping si os interesan las compras, aunque para nuestro gusto, preferimos Nueva York en este sentido.

Sunset Strip

De nuevo tomamos el autobús y nos movimos hasta Sunset Strip. Esta avenida es una de las que más historia tiene en la ciudad de Los Ángeles. En los años 20, el Strip no pertenecía al condado de Los Ángeles, por lo que comenzaron a abrirse en la zona locales de fiesta y juego, que no tenían que responder a las restricciones del condado. Fue una de las zonas de fiesta más concurridas de la época, entre otras cosas, porque allí se encontraba todo lo que Los Ángeles no podía ofrecer, como por ejemplo el alcohol.

En la edad de oro de Hollywood, el Sunset Strip pasó a ser uno de los lugares de fiesta favoritos de las grandes estrellas de Hollywood, y sus locales se hicieron muy famosos. Por ejemplo, el Mocambo o el Trocadero. COn los años 60, los ricos y famosos dejaron pasar de moda el lugar, y se convirtió en cuna de la contracultura. Aquí nacieron las bandas más famosas de la época. A partir de entonces, se convirtió en una zona frecuentada por músicos de rock y otras corrientes.

Beverly Hills

Después de ver la zona de fiesta más famosa de Los Ángeles, nos dirigimos a Beverly Hills, una de las zonas tradicionalmente más exclusivas. Además de poder ver grandes mansiones y parques, lo más atractivo es visitar la zona de Rodeo Drive. Aquí podréis pasear por las tiendas más caras y exclusivas, y revivir la experiencia de Julia Roberts al estilo Pretty Woman. Incluso podéis ver la imponente fachada del Hotel Beverly Wilshire, en el que se hospedaban los protagonistas de la película.

Beverly Hills es una zona cara y exclusiva, y eso se nota en las calles. Están muy cuidadas y limpias, hasta tal punto que parece irreal. Si tenéis la oportunidad, podéis alquilar un coche. De esta manera podéis pasear entre las grandes avenidas de palmeras para verlo todo del tirón.

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Día 11 en EEUU: De Las Vegas a Los Ángeles; desierto Mojave y Ruta 66

Bordeando el desierto de Mojave

Ya que habíamos alquilado el Mustang descapotable, decidimos ir en coche desde Las Vegas hasta Los Ángeles, el último punto de nuestro viaje por EEUU. Queríamos vivir un Road Trip al estilo americano, atravesando el desierto de Mojave y tomando el último tramo de la histórica Ruta 66. Al principio habíamos planeada pasar por el Death Valley, uno de los puntos más calurosos del continente. Sin embargo, las horas de coche que nos habíamos tragado el día anterior yendo y viniendo al Gran Cañón nos hicieron pensarlo mejor. La ruta hasta Los Ángeles ya suponían más de 5 horas en carretera. Y teniendo en cuenta que íbamos a parar, el plan era pasar el día en el coche. No podíamos alargarlo más.

Itinerario: Desierto de Mojave por Interestatal 15 > Peggy Sue’s 50’s dinner > Victorville > Route 66 > Los Ángeles

Conducir bordeando un desierto no es algo muy común en España. Con lo que nuestro viaje fue bastante entretenido. Mojave es un parque natural que se puede visitar, pero la Interestatal 15 lo va rodeando bastantes kilómetros. Mientras conduces puedes disfrutar del paisaje. Lo único negativo es que la carretera es una línea recta prácticamente infinita. Para el que conduce, en este caso Jony, puede ser bastante aburrido. Nada que ver con nuestro viaje en carretera por el Norte de Italia.

Los americanos en carretera

Sobre todo al principio del viaje, nos divertimos bastante viendo los coches que te encuentras en carretera. Los coches americanos son enormes máquinas, medio camiones. Llegamos incluso a ver una monstruosa autocaravana que iba remolcando un todoterreno, el cual llevaba en la parte trasera lo que parecía un moto. Sí, no lo he escrito mal, la autocaravana remolcaba al todoterreno y no viceversa. Además, son muy comunes las camionetas al estilo «canyonero» (véase Los Simpson). En definitiva, un viaje en carretera te permite vivir una experiencia desde el punto de vista autóctono, y siempre nos gusta experimentarlo.

Parada en Peggy Sue’s y Calico

Para comer, queríamos hacer algo especial. Habíamos leído algo sobre un restaurante de carretera estilo años 50 que estaba en nuestra ruta. Había bastantes carteles indicando, y llevábamos el GPS, pero aún así nos costó un poco encontrar el Peggy Sue’s. El restaurante es auténticamente peliculero. Lleno de decoración años 50, con sus camareras uniformadas al estilo, los sillones, el suelo… todo en consonancia. Nos pedimos unos auténticos platos americanos – es decir, sandwiches y huevos fritos con bacon – y a disfrutar de la experiencia años 50.

Habíamos leído que cerca había un pueblo abandonado tipo western llamado Calico. El pueblo se ha convertido en atracción turística, así que nos acercamos a ver qué tal. La pinta desde lejos no llamaba nada la atención. También vimos que la mayoría era reconstruido y no original. Esto, sumado al precio de 8$ por adulto, nos echó para atrás.

Tomamos la Ruta 66

Continuamos nuestra camino cogiendo la histórica Ruta 66, o Main Street of America. Esta carretera fue una de las primeras que atravesaban el país de costa a costa. Fue construida en 1926, y ampliamente utilizada por estadounidenses, que sobretodo viajaban del este al oeste buscando nuevas oportunidades. La carretera fue «abandonada» cuando se construyeron las autopistas interestatales. Sin embargo, por su interés turístico e histórico, ha sido recuperada y señalizada en los mapas como Historic Route 66. 

El último tramo, que llega hasta Santa Mónica, fue el que nosotros tomamos. La carretera está en mal estado, lo que le da ese «carácter» antiguo e histórico. Los pequeños pueblos por lo que pasa han aprovechado el tirón turístico de los viajes en carretera, y podéis ver todo tipo de decoración y negocios variopintos en sus márgenes. Es una atracción muy pintoresca, en la que a cada poco vas parando y encontrando una antigua locomotora, molinos oxidados, coches y antigüedades muy variadas. También puedes visitar el Museo de la Ruta 66.

Atasco en Los Ángeles

Como devolvíamos el coche en el aeropuerto de LA y teníamos tiempo, dimos un pequeño paseo por Santa Mónica al llegar. Mal pensado, porque cuando cogimos el coche para un camino que tendríamos que hacer a lo sumo en 15 minutos, estuvimos más de hora y media en un monumental atasco. Por lo visto, es lo más normal en Los Ángeles, así que no vayáis con el tiempo justo en esta ciudad.

Por fin dejamos el coche en el aeropuerto, y tomamos un Uber para llegar a nuestro alojamiento AirBnb. Moverse en transporte público en Los Ángeles no es muy recomendable. Los conductores Uber son muy amables, y no tuvimos ningún problema, cosa que sí nos ocurrió en el bus. (Una vez más, ya que en Miami también sufrimos un poco).

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Día 2 en EEUU: World Trade Center, Estatua de la Libertad, Brooklyn y Coney Island

World Trade Center y Estatua de la Libertad

En nuestro segundo día en Nueva York programamos la indispensable visita a la Estatua de la Libertad, así como el World Trade Center.

Itinerario: Ground Zero > Capilla St. Paul > City Hall > Supremo  > Trinity Church > Wall street > Estatua de la Libertad > Museo Inmigración > Brooklyn > Prospect Park > Coney Island

Así, empezamos el día en la impresionante estación central de metro en Ground Zero (la Zona Cero, donde anteriormente se erigían las torres gemelas). Visitamos el memorial y vimos los impresionantes nuevos rascacielos, que aún están en construcción. Paseamos de esta zona empresarial para adentrarnos en el corazón de Wall Street. Era un domingo, por lo que no había mucho movimiento. En parte, eso nos permitió ir mucho más tranquilos, peor nos privó de ver la vida económica en pleno apogeo. Café de Starbucks en mano, como debe ser, nos dirigimos a Battery Park para tomar el ferry hasta la isla de Liberty.

Toda la información sobre las visitas a la Estatua de la Libertad en este post

Encontrar el acceso al ferry es fácil, y está todo indicado. Así que no os preocupéis, en cuanto lleguéis al punto de recogida (Battery Park u otro), veréis dónde tenéis que guardar cola y embarcar. El viaje en ferry está genial, las vistas de la ciudad son una maravilla, aunque el barco va hasta arriba y os va a costar sacar «la foto». Una vez lleguéis a la Isla Liberty, hay varios horarios en los que el ferry vuelve para recoger pasajeros y llevarlos a la isla de Ellie. Nosotros paseamos y comimos unos bocadillos antes de volver a embarcar. El museo de la inmigración nos pareció bastante interesante, un trocito de historia de la ciudad. Y de nuevo, el ferry al parque.

Brooklyn y Coney Island

Durante la tarde, nos dirigimos a Brooklyn. Caminamos por el barrio y fuimos a Prospect Park. Este parque es impresionante, con un ambiente muy familiar. En él se encuentra el Jardín Botánico de Brooklyn, en el que podéis ver un jardín japonés.

Después de nuestro paseo por el parque, nos fuimos a Coney Island, uno de los lugares más especiales que vimos en Nueva York. Se trata de un parque de atracciones junto al paseo marítimo. El ambiente es genial, lleno de atracciones, restaurantes y puestos de feria. Tenían los típicos juegos americanos de arcade y recreativos, en los que ganas tickets y los canjeas por premios. ¡Nos convertimos en niños y echamos unas partidas! Coney Island fue todo un descubrimiento.

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